Se acerca Halloween y, con él, los disfraces, los sustos, los monstruos y las imágenes aterradoras que inundan las redes, la televisión y algunos entornos infantiles. Pero hay algo que conviene recordar: lo que para un adulto es una broma, para un niño pequeño puede ser una amenaza real. Durante los primeros años de vida, los niños todavía están desarrollando su capacidad para distinguir entre fantasía y realidad, así como sus recursos para gestionar emociones intensas como el miedo. Por eso, exponerse a imágenes aterradoras, sustos inesperados o contenidos de terror que no corresponden a su edad puede favorecer la aparición de: 🔸 Pesadillas y despertares nocturnos. 🔸 Miedo a la oscuridad o a quedarse solos. 🔸 Mayor necesidad de dormir acompañados. 🔸 Ansiedad e inseguridad ante situaciones cotidianas. 🔸 Recuerdos e imágenes que reaparecen al irse a dormir. Esto no significa que Halloween sea perjudicial ni que todos los niños reaccionen igual. El problema no es el miedo en sí...
El verano es sinónimo de descanso, juegos y tiempo en familia. Pero para muchos niños con dificultades de aprendizaje, también puede convertirse en una época en la que se pierdan algunos de los avances conseguidos durante el curso. Este fenómeno, conocido como summer slide o regresión del aprendizaje, afecta especialmente a niños con dislexia, TDAH, dificultades en matemáticas o problemas de atención, ya que suelen necesitar más constancia, estructura y práctica para consolidar lo aprendido. La buena noticia es que no hace falta convertir las vacaciones en una extensión del colegio. Con pequeñas acciones diarias, es posible mantener habilidades clave mientras los niños disfrutan de un verano relajado y motivador. 1. Mantener una rutina flexible Las vacaciones no deben estar llenas de horarios rígidos, pero sí conviene conservar ciertas referencias diarias. Los niños con dificultades de aprendizaje suelen beneficiarse de saber qué va a ocurrir y cuándo. Mantener horarios relat...